Siempre soñé que existía, en alguna parte de este universo… un mundo así.
Alicia tenía su País de las Maravillas, Y Wendy tenía a Nerverland.
Era en esos momentos de soledad que la magia renacía, y las llevaba donde podían ser felices y ellas mismas. Porque después de todo, la imaginación era lo que contaba. Y podían disfrutar del mundo real, y su mundo de fantasía. Aprendieron a valorar lo que tenían, y aprendieron a soñar con más, sin barreras y sin limitaciones.
Se trata de madurar y crecer, sin perder el optimismo de la infancia, sin perder los sueños que nos permiten vivir.
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